Psicóloga Dolores Navarro
Cómo ayudar a un adolescente con baja autoestima o inseguridad
Entender su mundo para poder acompañar mejor
La inseguridad y la baja autoestima son parte inherente de la adolescencia, una etapa vital donde todo cambia: el cuerpo, la mente, los vínculos y el lugar en el mundo.
No hay atajos ni recetas para atravesarla sin dolor, pero sí hay maneras de acompañar a los adolescentes con respeto, escucha y herramientas reales que les ayuden a construirse desde dentro.
En consulta, atendemos cada vez a más jóvenes que se sienten perdidos, aislados, poco valiosos o simplemente “rotos”. También vemos a padres y madres desbordados, sin entender cómo un hijo que parecía alegre, se encierra ahora en su cuarto, evita el contacto o duda constantemente de sí mismo. Quiero ayudarte a entender qué pasa cuando un adolescente se siente inseguro, cómo puedes ayudar desde casa y cuándo la terapia para adolescentes puede marcar la diferencia.
¿Cómo se manifiesta la baja autoestima en adolescentes?
La adolescencia es un tránsito complejo. Se pierde el cuerpo infantil, la imagen idealizada de los padres y la seguridad de lo conocido. Hay un niño que se pierde, se pierde para sí mismo y para sus padres. Ese duelo es inevitable y, si no se acompaña, puede derivar en baja autoestima e inseguridad.

Un adolescente con baja autoestima puede mostrarse retraído, tímido, excesivamente autocrítico o dependiente de la aprobación externa. A veces, detrás de conductas como el aislamiento, las rabietas, la inhibición o el fracaso escolar, hay un fuerte sentimiento de no ser suficiente, de no encajar o de no tener valor.
Este joven en construcción se enfrenta a un cuerpo que cambia, a impulsos que no sabe cómo manejar y a una presión social constante por definirse cuando aún está intentando descubrir quién es. Por eso, no es raro que aparezcan la tristeza, el miedo, la ansiedad o la desorientación.
¿De qué manera influyen el entorno y las redes sociales en su inseguridad?
Durante la adolescencia, los padres dejan de ser figuras omnipotentes. Se buscan nuevos referentes en los iguales, profesores, entrenadores o incluso en figuras virtuales. Pero no siempre los referentes son adecuados.
Las redes sociales intensifican esa búsqueda y esa comparación. La serie británica Adolescencia muestra con crudeza cómo Internet y las redes sociales se han convertido en un escenario donde los adolescentes exponen su intimidad, buscan pertenencia o son víctimas de etiquetas destructivas como la de “incel”. En esta serie, Jamie, un chico de 13 años, es acusado de apuñalar a una compañera tras ser objeto de rechazo y humillación pública en redes. Su caso refleja lo que muchos padres viven, una realidad adolescente que se les escapa, donde la vida virtual puede tener consecuencias devastadoras.
El uso excesivo del móvil ha desplazado actividades protectoras como hablar cara a cara, practicar deportes o pasar tiempo en grupo. Además, muchos adolescentes encuentran en los chatbots una compañía sin juicio ni rechazo, algo que refleja el nivel de soledad emocional que sufren. Pero estos vínculos no sustituyen el calor humano, ni la mirada real de otro que les refleje su valor.
Como apuntan estudios recientes, hay una relación directa entre el uso intensivo de smartphones y el aumento de depresión, ansiedad y suicidio en adolescentes.
¿Qué se puede hacer desde casa para apoyar y reforzar su confianza?
Apoyar no es proteger en exceso ni forzar su seguridad desde fuera. La seguridad se construye desde dentro, a través de pequeñas experiencias en las que el adolescente comprueba que puede, que vale, que es capaz.
Los padres deben estar presentes sin invadir, permitir que se equivoquen, pero saber detectar cuando algo va más allá de lo normal. Desde casa, puedes:
- Observar sin invadir. Cambios bruscos de humor, aislamiento o problemas de sueño pueden ser una señal.
- Ofrecer diálogo auténtico. No sermonees, no obligues. Pero muestra que estás disponible.
- Evitar la crítica constante. Rebaja la exigencia académica o comparaciones con otros. El exceso de presión genera más inseguridad.
- Fomentar la socialización real. Promueve actividades en grupo, deportes, voluntariados o espacios donde pueda sentirse parte.
- Supervisar sin prohibir. No se trata de eliminar el móvil, pero sí de acompañar su uso.
- Aceptar su distancia. Para crecer, necesita separarse. No te lo tomes como algo personal.
- Pedir ayuda si es necesario. No esperes a que los síntomas se agraven. Una mirada profesional a tiempo puede marcar la diferencia.
¿Cuáles son los casos más habituales de inseguridad en adolescentes?
Existen muchas situaciones que pueden detonar o reforzar la inseguridad adolescente:
-
Cambio de colegio o entorno. La pérdida de referentes agrava la sensación de no pertenecer.
-
Rechazo o acoso escolar. La soledad no deseada duele más en esta etapa.
-
Alta autoexigencia o miedo al fracaso. Sobre todo en entornos muy competitivos.
-
Pérdidas, traumas o enfermedades. Situaciones que rompen su sentido de control.
-
Confusión en la identidad o sexualidad. Que no encuentran espacio para ser elaborados sin juicio.
-
Entornos familiares frágiles o muy sobreprotectores. Cuando el entorno no permite asumir responsabilidades reales.
¿Cómo ayuda la terapia a superar estas dificultades?
La terapia para adolescentes ofrece un espacio diferente, donde el joven puede desplegar su mundo interno con libertad, sin juicios ni expectativas. No se trata solo de hablar de lo que le pasa, sino de darle sentido a sus emociones y experiencias.
Allí encuentra un adulto neutral, que no es su profesor ni su madre o padre, que lo escucha con atención y que le permite experimentar nuevas formas de vincularse. Poco a poco, podrá reconocer sus recursos, sentirse visto y validado, construir una imagen más realista de sí mismo, recuperar su deseo y su dirección vital. La terapia no busca corregir, sino acompañar a que pueda integrar lo que hoy le duele y sentirse más fuerte.
¿Cómo recuperar la confianza y el enfoque personal?
No se trata de que vuelva a ser el niño que fue, sino de convertirse en el joven que puede ser. Y eso implica prueba, error, experiencias, vínculos reales y espacios de confianza.
Un adolescente se sentirá más seguro cuando: compruebe que es capaz, sepa que está acompañado sin ser controlado e integre lo que le hace distinto como parte valiosa de su identidad. Si hay bloqueo, tristeza o confusión, la terapia puede ayudar a orientarse y recuperar el equilibrio emocional.
Recuperar la conexión con uno mismo
La baja autoestima o la inseguridad adolescente pueden generar mucho dolor, tanto en los jóvenes como en sus familias. Pero no estáis solos. En mi consulta de terapia para adolescentes en León encontraréis un acompañamiento respetuoso, el entendimiento del momento que viven y un espacio terapéutico donde hablar y ser escuchado puede marcar la diferencia.
Si crees que tu hijo o hija necesita ayuda, o si tú como adolescente sientes que no puedes con todo esto, podemos hablarlo. Estoy aquí para escucharte y acompañarte en este proceso.
Encuentra tu lugar, conócete
No eres raro, no estás roto. Solo estás pasando por mucho. Pedir ayuda también es una forma de valentía. La terapia para adolescentes puede convertirse en ese espacio seguro donde hablar sin miedo, entender lo que te ocurre y empezar a sentirte mejor.
Como psicóloga especializada en jóvenes, estoy aquí para acompañarte en ese proceso, con respeto, sin juicios y con una escucha auténtica.