Psicóloga Dolores Navarro
¿Tristeza o depresión en adolescentes? Cómo detectarla y actuar

Ese chico o chica casi oculto bajo la capucha de su sudadera, con los auriculares puestos, el móvil en la mano y la mirada perdida… ese joven que antes parecía alegre y ahora se encierra en su habitación, contesta con monosílabos o dice estar «de bajón» con frecuencia, puede estar atravesando una depresión en adolescentes.
Y sí, la depresión en adolescentes existe y es más frecuente de lo que parece.
Muchos padres, confundidos por los cambios propios de la adolescencia, no saben si lo que observan en sus hijos es parte del proceso madurativo o un síntoma de algo más serio.
Cada vez más jóvenes se sienten tristes, desorientados, sin motivación ni energía. Lo preocupante es que, en muchos casos, ni ellos ni su entorno comprenden qué les ocurre o cómo ayudarles. Detectar a tiempo una depresión puede marcar una gran diferencia, no solo en el presente, sino en el desarrollo emocional futuro del joven.
¿Qué diferencia la tristeza y la depresión?
La adolescencia es, por naturaleza, una etapa de duelos y pérdidas. Se deja atrás el cuerpo infantil, los padres idealizados y la identidad conocida. Aparece un cuerpo nuevo, sexualizado, que aún no se domina del todo. El adolescente debe empezar a tomar decisiones, gestionar emociones intensas y descubrir quién quiere ser. Este tránsito puede ser doloroso y generar tristeza, inseguridad o miedo. Esto es esperable y no siempre patológico.
Pero cuando esa tristeza se prolonga en el tiempo, interfiere en su vida cotidiana y va acompañada de síntomas físicos, relacionales o escolares, puede estar indicando algo más profundo. Entonces, conviene prestar atención.
Los adolescentes deprimidos pueden parecer apáticos, pero en realidad están sobrepasados emocionalmente. A veces, lo que interpretamos como desgana es una forma de defensa frente a un sufrimiento interno que no pueden nombrar.
La depresión en adolescentes puede doler mucho, pero no es el final del camino. Pedir ayuda no es un fracaso, es una forma de cuidado. Tanto si eres madre o padre y te preocupa tu hijo, como si eres adolescente y no sabes cómo seguir, la terapia puede ser ese espacio seguro desde donde empezar a reconstruirte.
Depresión en adolescentes, síntomas que marcan la diferencia
La tristeza esperable puede surgir tras una discusión, un suspenso o una decepción amorosa, pero se alivia con el tiempo o con apoyo. En cambio, la depresión en adolescentes no desaparece sola. Persiste durante semanas, interfiere en sus rutinas y va acompañada de:
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Fatiga constante, física o intelectual.
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Pérdida de interés por lo que antes disfrutaba.
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Cambios en el sueño o el apetito.
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Dificultad de concentración y bajo rendimiento escolar.
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Inhibición, apatía o retraimiento social.
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Irritabilidad o sensibilidad excesiva.
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Ideas de muerte o de inutilidad.
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Autodiagnósticos frecuentes de «ansiedad», «depresión», «ataques de pánico».
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Conductas autolesivas o abuso de pantallas.
Si reconoces varias de estas señales mantenidas en el tiempo, es importante consultar con un psicólogo especializado en terapia para adolescentes.
¿Cómo se manifiesta la depresión en adolescentes?
A veces, la depresión no aparece como un llanto constante. Se esconde tras una rabia sin causa, respuestas cortantes, una desgana inexplicable o una actitud desafiante. Es un malestar que no siempre tiene palabras y que el adolescente puede vivir en silencio o disfrazar con ironía, distancia o cinismo.
Muchos padres confunden esta sintomatología con “cosas de la edad”, pero la depresión adolescente no es una simple fase. Ignorarla puede tener consecuencias.
Los adolescentes hoy hablan con naturalidad de ansiedad, ataques de pánico o depresión, pero eso no significa que sepan gestionarlo. Tampoco que exageren. Es una generación que, a pesar de tener más información, se siente más sola e infeliz que nunca.
Según datos de la revista PLOS One, no hay grupo de edad más insatisfecho con su vida que los jóvenes. En España, la tasa de suicidios adolescentes ha subido de 1,9 a 2,94 por cada 100.000 habitantes, y se han incrementado los ingresos hospitalarios por salud mental y el uso de psicofármacos.
¿Por qué hay tanta depresión en adolescentes hoy?
No solo hablamos de causas psicológicas. También hay factores sociales y culturales que agravan esta sensación de vacío. Entre ellos:
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Presión académica y familiar: deben tomar decisiones que marcan su futuro sin tener aún una identidad clara.
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Sobreprotección: no pueden equivocarse, experimentar o salir solos.
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Redes sociales: la necesidad de validación, la comparación y el miedo a quedarse fuera impacta profundamente.
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Aislamiento social: muchos sustituyen el contacto humano por pantallas o chatbots.
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Falta de sueño: el uso excesivo del móvil por la noche afecta al descanso y la estabilidad emocional.
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Desencanto social: crecieron con la promesa de un futuro mejor, pero viven una realidad incierta.
Muchos adolescentes “diagnostican” su tristeza porque no tienen otras formas de nombrarla. Vivimos en una sociedad donde se exige mucho, se juzga aún más y se habla poco del dolor.
¿Qué hacer ante la depresión en adolescentes?
Los adolescentes no siempre aceptan fácilmente la ayuda de sus padres. Pero eso no significa que no la necesiten. Acompañarles no es resolver por ellos, sino estar presentes sin invadir, escuchar sin juzgar y ofrecer sostén cuando lo pidan.
Como adultos, el primer paso es no minimizar. Esa frase de “ya se le pasará” o “son cosas de la edad” puede hacer más daño que bien. Tampoco hay que dramatizar. La clave está en observar, acompañar y, si es necesario, pedir ayuda profesional. Desde casa, algunas acciones que pueden ayudar son:
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Escuchar sin corregir
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Validar lo que sienten, aunque no lo entendamos
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Estar disponibles, incluso si no hablan
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No minimizar su malestar
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Supervisar el uso del móvil y las redes con implicación
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Promover el descanso, la socialización real y una rutina saludable.
Si el malestar persiste, la terapia adolescente en León puede ser un espacio transformador. La depresión no se supera con “ganas”, sino con acompañamiento y comprensión profunda.
¿Cómo saber si es momento de buscar ayuda?
Puede ser el momento de consultar con un profesional cuando observas que tu hijo o hija se aísla durante días, pierde interés por todo lo que antes le motivaba, expresa ideas frecuentes de desesperanza, tiene problemas para dormir o comer, o muestra una tristeza constante sin una causa clara.
Estos signos no deben pasar desapercibidos, ya que pueden estar indicando una depresión en adolescentes que requiere acompañamiento especializado. Además, muchos de estos síntomas suelen presentarse junto a otros malestares como la ansiedad en adolescentes o la baja autoestima en adolescentes, con los que la depresión puede convivir silenciosamente.
¿Qué aporta la terapia para adolescente? En consulta, el adolescente encuentra un lugar donde poder hablar sin miedo, ser escuchado sin juicio y explorar lo que le pasa con libertad. La terapia no busca corregir, sino acompañar ese tránsito hacia la vida adulta, integrando las pérdidas, descubriendo recursos y construyendo una identidad más sólida.
Con el acompañamiento adecuado, muchas depresiones adolescentes se resuelven sin necesidad de medicación ni intervenciones más complejas. La figura del terapeuta ofrece una mirada diferente, cercana, respetuosa y sin autoridad, que permite al joven recuperar el deseo de vivir con sentido.
Un espacio para volver a conectar
La depresión en adolescentes no es una debilidad, ni una moda, ni un capricho. Es una señal de que algo importante está ocurriendo por dentro y necesita ser escuchado. En mi consulta de terapia para adolescentes en León acompaño a jóvenes y familias en este proceso, con respeto, escucha auténtica y sin juicios.
Si crees que tu hijo o hija necesita ayuda, o si tú como adolescente no sabes lo que te pasa pero sientes que algo no va bien, podemos hablarlo. Estoy aquí para escucharte y acompañarte.
Encuentra tu lugar, conócete
No eres raro, no estás roto. Solo estás pasando por mucho. Pedir ayuda también es una forma de valentía. La terapia para adolescentes puede convertirse en ese espacio seguro donde hablar sin miedo, entender lo que te ocurre y empezar a sentirte mejor.
Como psicóloga especializada en jóvenes, estoy aquí para acompañarte en ese proceso, con respeto, sin juicios y con una escucha auténtica.