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Psicóloga Dolores Navarro

La ley del hielo en la pareja. Qué es, por qué ocurre y cómo actuar

Ana y Jaime son una pareja cuyas ocupaciones laborales son muy dispares, ella se dedica a una actividad intelectual y Jaime dedica mucho tiempo a un trabajo relacionado con el campo y la naturaleza. Ella se queja de que se ha generado una gran distancia entre ellos y la comunicación está muy dañada. Apenas se comunican y la relación se ha enfriado mucho, él apenas le habla. Ella se siente sola y abandonada en su vida matrimonial.

En una sesión yo intervengo diciéndole que posiblemente él también se sienta abandonado. Esa pequeña intervención la hace reflexionar y ella comienza a interesarse por las actividades que él realiza y de las cuales había permanecido desinteresada. Ese giro posibilita un acercamiento, una recuperación del diálogo y la frialdad pierde intensidad.

Es un ejemplo de una situación de enfriamiento que puede revertirse. Pero no siempre es así. Hay casos donde la ley del hielo se instala de forma prolongada y el daño que produce es mucho más profundo. Si estás viviendo algo parecido en tu relación, es importante que entiendas qué está pasando.

¿Qué es la ley del hielo?

Se entiende por ley del hielo cuando alguien demanda diálogo y comunicación y lo que encuentra es silencio, vacío o frialdad. Cuando te diriges a otro que no responde a tus mensajes, no te contesta al teléfono, te responde con monosílabos o no quiere hablar de las cuestiones que le planteas.

Ley del hielo pareja psicóloga León Dolores Navarro

Los sentimientos que provoca pueden ser muy variados: enfado, decepción, angustia y miedo ante la perspectiva de poder perder al otro, o sentimientos de abandono y de no sentirse amado y reconocido.

En los casos más extremos, la ley del hielo puede llegar a ser una forma de abuso emocional y de manipulación, porque lo que se pretende con el silencio, siendo en este caso consciente y deliberado, es castigar, controlar, generar culpa y forzar a la otra persona a someterse.

Sin embargo, no todo silencio es un intento de hacer daño. Del mismo modo que el hielo y el frío son excelentes conservantes, una persona puede utilizar el silencio para preservar el vínculo, para no causar daño o para protegerse porque no encuentra en sí mismo recursos para defenderse de un modo más adecuado. También puede expresar la necesidad de tomarse un tiempo de reflexión ante un conflicto.

La ley del hielo se puede presentar en cualquier tipo de relación: pareja, amigos, entorno laboral o familia. Puede darse entre dos personas o ser la actitud de un grupo contra alguien que queda condenado al aislamiento. Con frecuencia se instala después de un conflicto, tras una discusión y es especialmente frecuente en los casos de separación o divorcio.

Por consiguiente, antes de plantear ningún tipo de abordaje es fundamental averiguar qué tipo de intencionalidad subyace en una relación donde predomina el silencio.

¿Por qué se recurre a la ley del hielo?

Las motivaciones son múltiples y conviene conocerlas para no confundir situaciones muy diferentes.

  • Una persona puede utilizar el silencio y la distancia si su sentimiento de ira o enfado le hace temer una confrontación y teme dañar al otro. En este caso puede necesitar un tiempo para tranquilizarse y abordar el conflicto con más calma. Otras veces, quien calla simplemente necesita tiempo para organizar sus sentimientos y pensamientos antes de ser capaz de afrontar directamente una situación conflictiva.
  • También hay personas con una especial dificultad para expresar sus emociones, ya sea por sus propios rasgos de personalidad o por influencia de una educación orientada a no mostrar vulnerabilidad. Recurren al silencio en lugar de afrontar lo que les ocurre y pueden quedarse bloqueadas emocionalmente. Hay quienes tienen dificultades para reconocer su temor al abandono o su necesidad de afecto y recurren a la distancia.
  • Es muy frecuente encontrar en consulta a personas que evitan el conflicto por temor a que se haga patente la agresividad o por miedo a que peligre el vínculo. Y están los casos en los que el silencio se utiliza para ejercer poder, porque negar la comunicación pone al otro en inferioridad de condiciones. Cuando hablamos de dañar, castigar o someter, estamos hablando de manipulación. En estos casos nos encontraríamos generalmente ante personas con tendencias narcisistas.

Es el caso de Mercedes, una mujer insegura, con antecedentes de maltrato. Esa historia difícil ha dejado en ella un intenso temor a ser dañada de nuevo y la conduce a protegerse con distancia y una gran dificultad para abordar los conflictos. Ha iniciado una nueva relación, pero la frecuente dureza y rigidez de él no facilitan el acercamiento ni el diálogo. Su impotencia deriva en enviarle largas cartas cargadas de reproches, que ella no responde. Ella se siente culpable, se bloquea, se calla y se aleja. A pesar de que entre ellos hay un intenso cariño, las dificultades de cada uno están generando una intensa incomunicación cargada de frialdad.

Aquí la historia y los conflictos internos de cada uno están produciendo una ley del hielo que precisará de un trabajo previo antes de que pueda disminuir.

 ¿Cómo saber si la ley del hielo es maltrato emocional?

Los casos más graves, aquellos en los que predomina el intento de dañar o castigar, pueden derivar en una violencia emocional en la que la víctima queda bloqueada y culpabilizada.

Algunas señales que ayudan a identificar el abuso:

  • No utilizar la comunicación directa, insinuar en vez de hablar, negarse a escuchar.
  • Hablar con una tonalidad fría que produce miedo, no alzar la voz y dejar que el otro se irrite hasta desestabilizarse.
  • Generar confusión, utilizar el sarcasmo, la burla y el desprecio con objeto de hundir al otro.
  • Comunicarse por escrito haciendo reproches o pidiendo explicaciones, sin permitir el diálogo cara a cara.

La víctima intenta comprender y tiende a culparse y a responsabilizarse, llegando incluso a disculparse sin saber por qué lo hace. Este tipo de violencia se instala de forma tan paulatina que se produce una especie de habituación y la persona va perdiendo la conciencia de la agresividad a la que está sometida.

Hay que tener en cuenta que no cualquier persona cae víctima de este maltrato. Una personalidad frágil, con poca autoestima, es un caldo de cultivo ideal para caer víctima de esta forma de violencia y no es fácil salir sin ayuda.

¿Qué efectos psicológicos produce la ley del hielo?

El silencio prolongado puede provocar consecuencias importantes en quien lo padece:

  • Ansiedad o incluso angustia, porque no se comprende qué está pasando. El ser humano es social por naturaleza y necesita la comunicación. Cuando alguien significativo retira la palabra, se produce un estado de confusión y alarma.
  • Sentimientos de culpabilidad, porque al no comprender lo que le sucede al otro, uno puede sentirse responsable de lo que está ocurriendo.
  • Deterioro de la relación, se interrumpe la comunicación, se produce un distanciamiento y se pierde la confianza. En casos extremos se puede llegar a la ruptura.
  • En los casos graves, puede producirse una forma de anulación del otro, hasta el punto de que la víctima pierda la perspectiva de lo que le está sucediendo.

Es lo que le ocurrió a Marta, que tenía un grupo de amigas que con frecuencia la excluían y organizaban actividades sin informarla. Ella percibía el rechazo y se refugiaba en su familia. No sabía por qué sucedía y le daba mil vueltas en su cabeza. A lo largo de nuestros encuentros fue tomando conciencia de que siempre había estado a disposición de los demás y esto había provocado un empobrecimiento de su propia autoestima y en los demás una falta de valoración. Después de un tiempo de tratamiento empezó a priorizar su deseo, cambió de trabajo y esto la fue sacando del aislamiento.

¿Qué hacer cuando te aplican la ley del hielo?

La instalación del silencio produce un círculo vicioso que crece como una bola de nieve y lo primero que hay que hacer es detenerla.

Lo fundamental es discriminar y valorar la intencionalidad del silencio y comprender qué necesidades emocionales se están expresando a través de él. No es lo mismo un paréntesis para reflexionar que una estrategia de control, dominio o castigo.

Si se trata de un tiempo de reflexión, lo adecuado es hablarlo y conceder el espacio que el otro está necesitando, pero identificándolo como tal por medio del diálogo. Si, por el contrario, se trata de un castigo o un instrumento de maltrato, es imprescindible poner límites y pensar en la posibilidad de pedir ayuda profesional.

También es importante revisar los propios errores de comunicación que pueden estar alimentando la dinámica, y preguntarse si hay patrones que se repiten y que van más allá de este conflicto concreto. A veces lo que parece un problema puntual revela dificultades más profundas para mejorar la relación de pareja.

¿Cuándo acudir a terapia de pareja?

Acudir a un profesional no tiene que derivar necesariamente en llevar a cabo un tratamiento largo. A veces unas pocas entrevistas son suficientes para clarificar lo que está pasando y abordarlo. Pero hay situaciones en las que la ayuda se hace necesaria.

Cuando la ley del hielo se ha convertido en un patrón que se repite y no se perciben salidas a corto plazo, o cuando el malestar que se está desencadenando alcanza niveles que producen sufrimiento, es momento de buscar acompañamiento. También cuando exista sospecha de que quien ejerce el silencio tiene matices de personalidad narcisista y esté utilizando su conducta para causar daño, o cuando aparecen señales de alarma que indican que la relación puede estar siendo dañina.

Es importante saber que en los casos de divorcio o separación, la ley del hielo es sumamente frecuente y puede resultar muy dañina para ambas partes y especialmente para los hijos. Cuando la comunicación se interrumpe por completo y solo se realiza por escrito porque así lo ha decidido una de las partes, el conflicto se enquista y el sufrimiento se multiplica.

En las relaciones de pareja se puede abordar como terapia de pareja o de forma individual. A veces un miembro de la pareja no quiere acudir, pero esto no impide abordar el problema con el otro miembro que sí está dispuesto.

Romper el silencio es el primer paso

La ley del hielo no tiene por qué ser la última palabra en tu relación. Detrás del silencio siempre hay algo que necesita ser dicho, comprendido o reparado. Dar el paso de buscar ayuda es ya una forma de romper esa dinámica.

Si sientes que la ley del hielo se ha instalado en tu relación, como psicóloga en León acompaño a parejas y personas adultas que necesitan recuperar el diálogo y entender qué está ocurriendo entre ellos. En la consulta de terapia de pareja en León encontrarás un espacio seguro donde empezar. Contacta conmigo y hablamos.

Haz de tu bienestar una prioridad

Tomar la decisión de buscar ayuda ya es un paso hacia la solución. La terapia de parejas puede ser el espacio donde tú y tu pareja encontraréis el camino para reconstruir lo que parecía perdido. Como psicóloga de parejas, estoy aquí para ayudar a restaurar la comunicación y la confianza en vuestra relación.