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Psicóloga Dolores Navarro

Lo que esconde una adicción y cómo empezar a salir de ella

¿Qué es la adicción? 

Vivimos en un tiempo en el que la adicción está aumentando de forma considerable. Y no solo hablamos de drogas, hay adicciones de todo tipo: a sustancias (legales o no), a la tecnología, al juego, al trabajo, a los psicofármacos… incluso a personas emocionalmente tóxicas.

Quien sufre una adicción experimenta un dolor profundo que a menudo no se ve. Pero también sufren quienes están cerca: familias desbordadas, relaciones rotas, jóvenes atrapados en un aislamiento silencioso. ¿Cómo se llega a esta situación? ¿Qué lleva a una persona a refugiarse compulsivamente en un objeto o conducta?

¿Qué tienen en común todas las adicciones?

A lo largo de mi trayectoria como psicóloga he acompañado a muchas personas que vivían atrapadas en una adicción. Algunas con sustancias, otras con pantallas, con el trabajo, con la comida o incluso con una persona. Lo importante no es tanto el objeto como el lugar que ese objeto ocupa en la vida del sujeto.

Adicción Psicóloga León Dolores Navarro

La adicción, en cualquiera de sus formas, genera sufrimiento. A veces, en silencio. Otras, con consecuencias muy visibles: rupturas familiares, aislamiento, angustia, fracaso escolar o laboral. Adolescentes encerrados horas frente a una pantalla, adultos que no pueden dejar de trabajar aunque estén exhaustos, personas que consumen compulsivamente para no pensar.

En el fondo, todos buscan lo mismo: una forma de aliviar algo que duele por dentro. Aunque esa salida resulte falsa o efímera, les ofrece una ilusión de calma o control.

Las investigaciones con personas adictas muestran que muchas veces hay detrás conflictos emocionales sin elaborar, traumas no resueltos o una dificultad profunda para tolerar la frustración. Una adicción no surge de la nada: es una respuesta, una estrategia aunque equivocada para sobrevivir al dolor psíquico.

Cuando la adicción no es el problema, sino el intento de solución

En mi consulta he escuchado muchas historias. Recuerdo especialmente el caso de un joven que venía por adicción a los videojuegos. Su vida estaba completamente absorbida por ellos. Jugaba durante horas, dejando de lado estudios, amigos, incluso el sueño. Pero conforme fuimos trabajando juntos, descubrimos que lo importante no eran los videojuegos, sino lo que le ayudaban a evitar: un gran vacío, una historia personal muy difícil de sostener emocionalmente.

En la medida en que pudo poner palabras a ese dolor, a su historia, la adicción perdió fuerza. Siguió jugando, pero ya no de forma compulsiva. Jugaba porque le gustaba, no porque necesitara huir.

Esto es lo que intento transmitir cuando hablo de un enfoque diferente al tradicional. No se trata solo de etiquetar o tratar al adicto como enfermo. Desde el psicoanálisis, pongo el foco en la singularidad del sujeto, en su historia y en el sentido que esa adicción tiene en su vida.

¿Por qué vivimos rodeados de adicciones?

Nuestro tiempo está marcado por el consumo, el placer inmediato y la intolerancia al malestar. La frustración, la espera, el esfuerzo… ya no están bien vistos. Esto, sumado a una sobreprotección creciente y a una baja capacidad para tolerar la soledad o el vacío, convierte a muchos en más vulnerables a caer en una adicción.

Y la vida, en algún momento, nos confronta con pérdidas, incertidumbre, con límites que duelen. Sin herramientas para procesar eso, buscar consuelo en un objeto adictivo puede parecer la única salida.  Vivimos además con altos niveles de ansiedad, angustia y síntomas depresivos. No es casualidad que muchas de las personas que trato por adicciones también presenten estados depresivos, falta de sentido vital o una ansiedad que no saben cómo gestionar. 

Cuando la función paterna falla

Muchos de los casos que he tratado de personas con adicciones comparten algo en su historia familiar,  una falla en la función paterna. Es decir, una ausencia del límite, de esa figura que permite la separación saludable entre madre e hijo, que introduce una ley y una contención.

Puede ser un padre ausente, simbólicamente débil, que no ha sabido sostener a una madre desbordada o a un hijo exigente. “Esto suele derivar en una sobreprotección excesiva y en dificultades para que el joven construya su identidad con autonomía. Estas familias suelen afrontar la ansiedad con acciones impulsivas: compras, comida, trabajo, consumo. Todo antes que pensar o sostener la angustia. Así, los hijos aprenden a anestesiar lo que sienten, en lugar de elaborar y entender su mundo interno.

No hay objetos adictivos, hay relaciones adictivas

A veces confundimos el objeto con el problema. Pero no es el móvil, ni el juego, ni el alcohol, ni los videojuegos el verdadero problema. El problema está en la compulsión, en no poder dejarlo, en necesitarlo para calmar algo interno.

Por eso, una persona puede tener una relación saludable con las redes sociales o el trabajo, y otra convertirlo en una adicción. Lo que marca la diferencia es el uso que hacemos de ese objeto y qué función psíquica cumple en nosotros.

En el caso de las adicciones tecnológicas, como la adicción a los videojuegos o al móvil, esto se hace muy evidente. Son herramientas que todos usamos, pero en algunos casos se convierten en una vía de escape, una anestesia emocional o una forma de evitar un malestar interno.

El tratamiento es poner palabras donde antes solo había compulsión

El objetivo de la terapia no es solo dejar de consumir, sino entender qué sostiene esa conducta. Qué historia hay detrás, qué carencias, qué emociones bloqueadas o qué experiencias no elaboradas.

Muchas veces, quien cae en una adicción tiene un yo frágil, dificultad para separarse emocionalmente de figuras importantes, miedo a estar solo o a no ser suficiente. Las adicciones ofrecen un consuelo falso pero inmediato ante ese malestar.

En consulta, no impongo restricciones. No se trata de prohibir el objeto, sino de entender su función. Cuando eso se logra, el sujeto empieza a recuperar su autonomía, su deseo, su capacidad de elegir.

Las familias también sufren (y son parte del proceso)

Muchas veces quienes consultan por una adicción no son los propios pacientes, sino sus familias. Padres que no saben cómo actuar, parejas que sienten que se les escapa de las manos.

Trabajar con el entorno es parte del proceso. No desde la culpa, sino desde el entendimiento. En la medida en que la familia puede comprender mejor lo que ocurre, acompañar sin invadir, poner límites con afecto, también se convierte en un sostén para el cambio.

Cada historia de adicción es única

Una adicción nunca es solo una conducta problemática. Es un síntoma que habla de una persona, de un conflicto, de una historia que merece ser escuchada sin juicio. 

Acompañar a una persona en ese proceso implica no solo ayudarle a dejar el objeto, sino también a recuperar el contacto consigo mismo, con su deseo, con su capacidad de vivir de forma más libre.

Si sientes que tú o alguien cercano, puede estar atrapado en una adicción, estoy aquí para acompañarte. En consulta de psicóloga para adultos en  León y online, encontrarás un espacio de respeto, con escucha y sin recetas mágicas. Salir de una adicción es posible. Y empieza por atreverse a hablar de lo que duele

Haz de tu bienestar una prioridad

Aquí comienza tu cambio. Un espacio donde sentirte escuchado y comprender lo que te ocurre. Como psicóloga en León y Online, te ofrezco el apoyo profesional y cercano que necesitas para avanzar hacia una vida más equilibrada.