Psicóloga Dolores Navarro
Qué es el duelo, por qué duele tanto y cómo se manifiesta
Perder forma parte de vivir. Evolucionamos como seres humanos en base a pérdidas, porque perdemos avanzamos y crecemos. Desde el corte del cordón umbilical hasta la marcha de los hijos, la vida está hecha de despedidas que, cuando se elaboran bien, nos permiten seguir adelante.
Pero no todas las pérdidas son iguales. Algunas llegan sin avisar, otras rompen el orden que dábamos por seguro. Y está la muerte, que nos atañe a todos aunque tendamos a evitarla. Abordar estas pérdidas conlleva, a veces, duelos sumamente complicados.
¿Qué es el duelo?
El duelo es un trabajo psíquico complejo que posibilita la separación de algo o de alguien y permite el acceso a otra cosa, a otra etapa o a otro objeto de amor. Es un proceso normal y esperable, un desprendimiento. No se trata de una enfermedad ni es patológico, pero puede llegar a serlo.
La propia palabra está ligada a dos raíces latinas: duellum, que significa combate, y dolus, que significa dolor. Esa doble acepción –dolor y combate– está implícita en cualquier duelo. Hablamos de un dolor que puede llegar a ser muy intenso y de una lucha contra la atracción que ejerce la muerte sobre quien lo atraviesa, para poder aliarse de nuevo con la vida y recuperar el deseo y la alegría de vivir.

No hay duelo sin amor previo a eso que se pierde. Solo hacemos duelo de lo que amamos. En eso que amamos vamos depositando energía psíquica en forma de sentimientos y afectos que habrán de ser retirados en caso de pérdida. Esa retirada permitirá que la energía quede liberada y pueda depositarse en otro lugar. Este proceso es único, lento, no lineal, con altibajos y retrocesos, y requiere un intenso trabajo psíquico.
No solo se hace duelo por la muerte
El duelo no siempre está ligado a la muerte. Puede tratarse de la pérdida de un trabajo, de un proyecto, de un cambio de ciudad, una ruptura, una separación o la pérdida de la imagen de uno mismo que ya no se sostiene. Son pequeñas muertes que no implican la muerte física. Sin embargo, hablar de duelo nos remite casi siempre a pensar en ella.
Es el caso de Andrea, que decidió separarse porque las condiciones en las que convivía con su marido eran inaceptables. A pesar de ser plenamente consciente de ello, algún tiempo después apareció una intensa tristeza. Fue necesario investigar qué función inconsciente ejercía su marido en su vida y en su psiquismo.
También el de Jorge, que llegó a consulta por otros motivos y en un momento de la terapia empezó a hablar del aborto voluntario de su pareja, al inicio de una relación que aún mantienen. El miedo o la inseguridad les llevaron a tomar aquella decisión, y ahora se planteaba cómo habría sido su vida si hubiera tenido el valor de continuar con aquel embarazo.
La muerte de una persona amada
Aunque no es el único duelo, la muerte de alguien amado es el duelo por excelencia. En nuestra sociedad occidental predomina la aspiración a una felicidad permanente y la muerte se ha convertido en un tabú: se evita hablar de ella y se intenta negar. Los ritos funerarios, que antes tenían una función importante en la elaboración de la pérdida, se han ido dejando de lado.
Cuando muere un ser amado, muere una parte de nosotros mismos, porque se pierde lo que éramos junto a esa persona. Un trozo de nosotros se pierde y dejamos de ser quienes éramos antes de su muerte.
¿Qué circunstancias complican el duelo?
Existen situaciones que pueden complicar enormemente su elaboración:
- El tipo de vínculo. La muerte del cónyuge es muy dolorosa porque se trata de alguien presente en todas las áreas de la vida. La muerte de un hijo resulta devastadora porque quiebra el orden natural: nadie espera enterrar a un hijo. En los hijos se depositan expectativas de futuro que ya no se verán cumplidas.
- La muerte en la infancia. Cuando un niño pierde a un padre o a un hermano, el psiquismo aún no ha madurado lo suficiente para elaborar la pérdida y es conveniente buscar ayuda profesional.
- Las relaciones ambivalentes. Cuando la relación con la persona fallecida era de amor y odio, los sentimientos contradictorios desencadenan un duelo muy complicado.
- La acumulación de duelos no elaborados puede provocar un desequilibrio mental.
- La forma de la muerte. Es muy diferente una muerte inesperada a una tras una enfermedad larga. La muerte por suicidio produce un daño profundo en los familiares por el sentimiento de culpa que genera.
- Trastornos mentales previos como la depresión o la ansiedad pueden hacer que el duelo sea especialmente difícil de transitar.
¿Cómo se manifiesta el duelo?
El duelo afecta a todas las áreas del psiquismo y del cuerpo. El cuerpo suele expresar lo que no es posible poner en palabras, y de hecho, el temor a enfermar es una de las razones por las que una persona en duelo busca ayuda psicológica.
- En el cuerpo: insomnio, falta de apetito o avidez por la comida, agotamiento físico, dolores inespecíficos, sensación de pesadez.
- En la conducta: retirada de los vínculos sociales, dificultad para retomar las rutinas, descuido del cuidado personal, sensibilidad exacerbada.
- En el pensamiento: dificultad de concentración, confusión, pensamientos repetitivos sobre la persona perdida. A veces se instala un bloqueo emocional que paraliza.
- En las emociones: tristeza intensa que puede alternar con rabia o irritación, llanto frecuente, culpa, sensación de soledad y vacío.
Cuando el duelo se prolonga y estas manifestaciones no remiten, la autoestima también puede verse dañada, generando un círculo de malestar que se retroalimenta.
¿Cómo transcurre el duelo?
Más que hablar de fases rígidas, es preferible pensar en un proceso con altibajos y retrocesos que puede ser muy diferente de una persona a otra.
Cuando sucede una pérdida, al principio se puede sentir incredulidad y aturdimiento. Después aparecen sentimientos complejos: ira, tristeza, culpa, ansiedad. Es frecuente que convivan sensaciones contradictorias como creer y no creer, pasar de la tristeza a la rabia. La ira puede ir dirigida hacia los demás, hacia uno mismo o hacia la persona que ya no está.
Pueden aflorar sentimientos de culpa por no haber hecho lo suficiente o ansiedad al saber que se deberá continuar la vida sin esa persona. Cuando la muerte ha sido precedida de una larga enfermedad, se puede sentir alivio al poder descansar y, a la vez, culpabilidad por ese alivio.
Progresivamente se va asumiendo el carácter irreversible de la pérdida. La culpa y el miedo van disminuyendo y es posible recordar con menos dolor. Los sentimientos de esperanza y confianza van predominando sobre el odio y la desconfianza. De este modo se aprende a vivir con la ausencia.
Dar el primer paso ya es cuidarte
Si estás atravesando una pérdida y sientes que el dolor no te deja avanzar, no tienes por qué transitarlo solo o sola. A veces el duelo necesita un espacio seguro donde poder desplegarse, y eso es precisamente lo que ofrece la terapia en mi consulta de psiccología en León. Contacta conmigo y hablamos.
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Aquí comienza tu cambio. Un espacio donde sentirte escuchado y comprender lo que te ocurre. Como psicóloga en León y Online, te ofrezco el apoyo profesional y cercano que necesitas para avanzar hacia una vida más equilibrada.