Psicóloga Dolores Navarro
Qué es el Síndrome del nido vacío y cómo afrontar esta etapa
Si en la familia las cosas han evolucionado de forma suficientemente adecuada, llega un momento en el que los hijos se independizan, crean su propia familia y se emancipan económicamente. Es un ciclo vital normal y deseable. Sin embargo, algunos padres y madres pueden vivir esta etapa invadidos por sentimientos negativos intensos: tristeza, vacío, ansiedad, soledad o irritabilidad. Es lo que se conoce como síndrome del nido vacío.
El periodo de la crianza y el acompañamiento de los hijos por las diferentes etapas vitales como son la pubertad, adolescencia y el inicio de la emancipación, es intenso y absorbe una importante dosis de energía psíquica y de tiempo. Por lo tanto, una sensación de vacío cuando el último de los hijos se va es esperable. Otra cosa es cuando ese vacío se instala, no remite y empieza a condicionar la vida.
¿Qué es el síndrome del nido vacío?
Existen momentos vitales que predisponen a experimentar una sensación de vacío como la jubilación, cuando se terminan los estudios y es el momento de dar el paso al mundo laboral, o cuando los hijos abandonan el hogar y se independizan. Son etapas necesarias en la vida pero que en determinadas circunstancias pueden generar intensas vivencias de vacío.

Pero el vacío no solo debe entenderse como una carencia. También tiene una función que estructura el psiquismo y que genera el deseo. Si no nos faltara nada, no tendríamos la posibilidad de buscar, crear o desear. Como el alfarero que crea la vasija contorneando un vacío, el ser humano contornea el suyo por medio de la cultura, el trabajo, los vínculos y la creatividad.
El problema aparece cuando los velos que nos protegen de ese vacío se rasgan, la marcha de los hijos, una pérdida, un cambio vital, y el vacío se muestra en toda su crudeza, provocando una especie de vértigo existencial. Es entonces cuando pueden aparecer síntomas que van más allá de la tristeza esperable y que merecen atención.
¿A quién afecta más el síndrome del nido vacío?
La presencia de sentimientos negativos intensos puede darse en ambos progenitores. Sin embargo, históricamente ha sido más frecuente en mujeres, principalmente cuando la función de cuidadora y el rol de madre ha sido lo fundamental y la mujer ha construido su identidad en torno a esta función.
En estos casos, el momento en que los hijos se van puede vivirse como una amenaza a la propia identidad o como una crisis existencial, la vida pierde sentido, no saben qué hacer ni en qué ocupar su tiempo, porque otros espacios no habían sido desarrollados. En los últimos años esta situación se ha visto modificada en gran medida, porque tanto el rol del hombre como el de la mujer son ahora muy diferentes.
También influye la autoestima. Quienes han construido su valor personal casi exclusivamente en torno a la maternidad o la paternidad pueden sentir que, al irse los hijos, pierden no solo compañía sino también una parte de quiénes son.
¿Cuándo aparece?
La crisis se puede producir en distintos momentos. A veces sucede cuando el hijo mayor deja el hogar, otras veces a medida que se va marchando el resto y en muchos casos cuando se va el último. A veces la dificultad aparece con la ausencia de uno de los hijos en particular, por la especial importancia que había tenido para la pareja, por haber necesitado más atención o por el lugar de vínculo que ocupaba entre los padres.
Además, el síndrome del nido vacío suele presentarse en un momento de especial vulnerabilidad por coincidir con otros tipos de pérdidas:
- La pérdida de la capacidad reproductiva asociada a la juventud.
- El envejecimiento de las familias de origen y la posible pérdida de los padres.
- La jubilación o los cambios laborales.
- La aparición de alteraciones en la salud que ponen en el horizonte la proximidad de la muerte.
Esa acumulación de cambios puede intensificar la vivencia de vacío y dificultar su elaboración. En ocasiones se conecta con un proceso de duelo que no tiene que ver solo con la marcha de los hijos, sino con todo lo que esa marcha representa.
¿Cuáles son los síntomas del síndrome del nido vacío?
Los síntomas que nos ponen en la pista del síndrome del nido vacío pueden manifestarse de formas muy diversas:
- Alteraciones del estado de ánimo. Tristeza persistente, irritabilidad, desesperanza o sensación de que la vida ha perdido sentido.
- Problemas de sueño y concentración. Dificultad para descansar, para mantener la atención o para sostener las rutinas.
- Disminución del deseo sexual y del interés por las actividades que antes resultaban placenteras.
- Sentimientos depresivos que van más allá de la tristeza esperable y que pueden derivar en un cuadro de depresión si no se abordan.
- Ansiedad ante la incertidumbre de una nueva etapa sin funciones claras.
- Sensación de vacío difícil de llenar, de no saber qué hacer con el tiempo ni con uno mismo.
Cuando estos síntomas se prolongan en el tiempo o su intensidad interfiere en el día a día, conviene prestar atención. A veces se produce un bloqueo emocional que dificulta aún más dar los pasos necesarios para adaptarse a la nueva situación.
¿Cómo afecta a la pareja cuando los hijos se van?
El momento en que los hijos se van puede ser también un momento de debilidad para la pareja, especialmente para aquellas que han puesto el cuidado de los hijos en primer plano descuidando el vínculo entre ellos. Este tipo de pareja se encontrará de pronto cara a cara, sin la mediación de las funciones parentales y pueden emerger conflictos que estaban latentes y sin resolver desde antes del nacimiento de los hijos.
Ese desequilibrio exigirá tener que renegociar de nuevo la relación. No es raro que las crisis de pareja más intensas aparezcan precisamente en este momento.
Por el contrario, aquellos que han mantenido un buen nivel de comunicación y de confianza, no solo entre sí sino también con su entorno, pueden vivir este momento con un sentimiento de liberación al ver disminuir responsabilidades y poder orientar la energía hacia otro tipo de intereses y actividades.
¿Cómo superar el síndrome del nido vacío?
Abordar este momento pasa por la necesaria adaptación a una nueva etapa, normalizando las emociones que sin duda van a aparecer, como la tristeza. No se trata de negarlas ni de forzarse a estar bien, sino de permitirse sentirlas y, desde ahí, empezar a construir algo diferente.
- Redefinir la relación con los hijos. La relación deberá evolucionar hacia algo más simétrico y horizontal, ayudándoles a impulsar su autonomía y su independencia. Si en otro momento la función de padres estaba ligada a la protección y el cuidado, ahora será la de guiar hacia la autonomía por medio de una relación más adulta y enriquecedora.
- Revitalizar la pareja. La relación de pareja puede tener la oportunidad de redefinirse, potenciando intereses y actividades comunes que la abran a nuevas oportunidades de crecimiento personal. En una pareja equilibrada, este periodo puede experimentarse como de mayor libertad y menos cargado de responsabilidades.
- Fortalecer la vida social. Recuperar amistades que habían sido descuidadas o buscar actividades en grupo que potencien los contactos también será de gran ayuda.
- Recuperar intereses propios. Será el momento de poder realizar aquellas actividades que en su momento la urgencia de la vida y la crianza de los hijos no posibilitaron, así como la búsqueda de nuevos intereses.
- Redefinir la propia identidad. El vacío permite redefinirse no tanto ligado a funciones maternales o paternales sino basándose en intereses más personales e individuales. Ese tránsito, aunque doloroso, puede ser profundamente liberador.
¿Cuándo acudir al psicólogo?
Cuando el proceso de adaptación no se produzca de forma natural y persistan sentimientos de depresión, de irritabilidad o de ansiedad de forma intensa, o causen un elevado malestar, habrá que pensar que otras variables pueden estar en juego y será conveniente la consulta con un especialista para afrontarlas.
El síndrome del nido vacío puede estar activando dificultades previas que no habían emergido hasta este momento, una autoestima sostenida únicamente en el rol parental, un estrés acumulado que la crianza había enmascarado, conflictos de pareja que estaban latentes o un duelo no elaborado que ahora reaparece.
La terapia ofrece un espacio donde comprender qué hay detrás de ese vacío, qué función estaban cumpliendo los hijos en el equilibrio psíquico de cada persona y cómo reconstruir una identidad que no dependa exclusivamente de la función parental.
El vacío también puede ser un punto de partida
Hay un juego de niños consistente en un cuadrado lleno de piezas en el que la existencia de un hueco permite la movilidad y la ordenación del resto. En el psiquismo humano el vacío tiene una función semejante.
El síndrome del nido vacío no tiene por qué ser un punto final. Puede ser una oportunidad para relanzar el deseo, para crear a partir de lo que se abre cuando los hijos siguen su camino. No se trata de llenar compulsivamente ese espacio, sino de habitarlo de otra manera.
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